lunes, 14 de abril de 2008

Medias naranjas

Hay parejas que, sin serlo ni conocerse, están hechas el uno para el otro: Alguien debería presentar al mar de Mármara el desierto del Teneré.

jueves, 10 de abril de 2008

Especie en vías de extinción

Nombre científico: Afiladorus comunis.
Hábitat: Entorno urbano no demasiado tecnificado.
Dieta: Preferencia por el acero toledano y las navajas albaceteñas.
Reproducción: Rozar roza, luego ya lo que es reproducirse, lo tiene más complicado... De todas formas su canto en celo es muy llamativo, interpretado con un chiflo, produciendo una escala, ora ascendente, ora descendente.

lunes, 7 de abril de 2008

Huérfano

1. adj. Dicho de una persona de menor edad: A quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre. (diccionario de la RAE)

Cuando pusimos en marcha este blog, mi idea era plasmar en el esos pensamientos efervescentes que me asaltan a cada instante y que no podían ser material radiofónico. Observando el mundo con un poco de curiosidad, a cada instante surge algo sobre lo que reflexionar, la vida es una fuente inagotable (hasta que se agota) de vivencias, experiencias que son susceptibles de ser escritas y compartidas con aquellos que visitan esta bitácora.
Es un hobby, un entretenimiento, un ejercicio, pero también, en cierta medida, un compromiso: Desde el momento en el que un puñado de personas lo visitan regularmente para ver qué les contamos, hay que ofrecerles algo, y no cualquier cosa, algo que creamos que merece la pena, luego ya está el criterio personal de aquellos que visitan el blog para valorarlo, pero supongo que si son asiduos, será porque les gustan nuestras divagaciones.
Desde hace un mes, más allá del tiempo que dedico a trabajar, a estar con los amigos, a ver una película, o a amar a quien se merece ser amada, mi mente no puede abandonar el recuerdo de mi padre: ¿A qué edad deja uno de ser huérfano? ¿O de sentirse así? En cualquier momento me asalta su recuerdo, no me abandona, un sentimiento sereno la mayoría de las veces, aunque hay ocasiones en las que ese recuerdo, puede ser incluso olfativo, aquella crema que le daba en los talones para que no le salieran llagas, me deja en jaque emocional por un tiempo.
La vida sigue, la mía, con su recuerdo, con su vacío, que quedará ahí para siempre, lo se, y de hecho si no está el, que me quede al menos ese vacío, ese recuerdo, que mi padre siga presente en mi vida a través de su ausencia, pero también a través de lo que me enseñó, y de lo que aprendí de el sin que él me lo enseñara.
Espero poder contaros otras cosas próximamente, que el blog crezca, evolucione, se enriquezca, se ramifique, que mi mente pueda volar por otros paisajes, y que os apetezca que los comparta con vosotros.

viernes, 4 de abril de 2008

Pole position

Seguro que algún psicólogo de guardia me lo puede explicar: A menudo, en un semáforo en rojo, nos encontramos a dos coches en paralelo esperando que se ponga en verde. En un momento dado, y ante la inminencia del verde, uno de los dos arranca, saltándose el semáforo, y es que todavía está en rojo. Pero es que el que está a su lado, no se si por empatía o por qué, casi al mismo tiempo inicia idéntica maniobra. El primero toma la iniciativa y voluntariamente avanza, pero el segundo se deja arrastrar, e igualmente se salta el semáforo rojo. ¿Qué sentido tiene? En dos o tres segundos no cometerían una infracción, que el primero decide cometer y el segundo parece no poder evitar.
¿Será la fiebre de la fórmula 1 que se contagia a través del asfalto? Todavía recuerdo aquellos tiempos en los que los representantes españoles en el circo de la F1, véase Luís Pérez Sala, Adrián Campos o Marc Gené bastante tenían con acabar la carrera, como ocurre en las últimas temporadas con Takuma Sato, Scott Speed o Tiago Monteiro, por poner algunos ejemplos. En un país en el que el deporte rey no consigue pasar de cuartos en mundiales y eurocopas, era lógico esperar que un deporte mediático como la F1 arrastrara masas al rebufo del éxito de Fernando Alonso. Pero esta temporada, en la que parece que el asturiano va a emular a los del fútbol y también va a caer en "cuartos", veremos si se mantiene el tirón popular de la F1, que los españoles son de mal perder...
A ver si al menos sirve para que nos tomemos la salida de los semáforos con más calma, fitipaldis...

jueves, 13 de marzo de 2008

Se han ido 2 gudaris

Lo que son las cosas: El 23 de enero escribía sobre Lazare Ponticelli, que a los 110 años de edad era el último superviviente que combatió en el ejército francés en la primera guerra mundial, y se lo dedicaba a mi padre, que ya estaba convaleciente, deseando que fuera el último gudari de la guerra civil española en irse. No ha sido así, y a la semana de irse él, Lazare le ha acompañado. Mi padre ha dejado un vacío muy grande, pero pienso que esté donde esté, compartirá batallitas como las que cuenta en el vídeo del blog con Lazare, y se harán compañía, en la trinchera.

martes, 4 de marzo de 2008

Apagado o fuera de cobertura

Empezaron regalándolos. Bueno, es un decir, ya que con lo que te cobraban por las llamadas ya habían amortizado su inversión. Más adelante, para fidelizar a su clan, te ofrecían llamadas gratis, para siempre, con el cliente del mismo clan que quisieras. Para siempre. Eso ya no lo podía ofrecer ni la iglesia. Por supuesto también resultaba más barato el comunicarse entre miembros del mismo clan. La guerra de precios y ofertas acabó por desquiciarlo todo. Cada clan decidió utilizar en su indumentaria el color corporativo de su compañía para identificarse, pero cuando comenzaron las agresiones, se optó por tatuarse en un lugar discreto el logotipo de la compañía a la que pertenecías. Sí, pertenecer. Se extendieron los ataques a las antenas de la competencia, se quemaban sus tiendas. Aquello se convirtió en una guerra abierta no declarada. Los tonos de llamada también servían para distinguir al amigo del enemigo. Llamar a alguien de nuestro clan y que saltara el buzón de voz nos ponía en lo peor, ni qué decir si daba apagado o fuera de cobertura.
Pero tras años de caos, violencia, y paradójicamente, incomunicación, llegó un momento en el que la continuidad no ya de los clanes, sino de la propia especie peligraba. Estábamos sumidos en un periodo oscurantista, una involución que nos había retrotraído prácticamente hasta el medievo. Ante semejante perspectiva, los ancianos de los clanes pactaron una tregua, que tras muchas reuniones, tiras y aflojas, por fin acarreó la pacificación definitiva. Se acordó entregar todos los teléfonos móviles, que ya ni siquiera funcionaban porque no quedaban antenas que transmitieran su señal, se habían convertido en simples amuletos tribales, y con ellos se hizo una gran pira que los consumió, acabando así con esa pesadilla que casi extinguió a la humanidad. Junto a esa hoguera, como hiciera el hombre de las cavernas, volvimos a comunicarnos, volvimos a mirarnos a los ojos.